Nunca me ha gustado Londres. Por ninguna razón en particular, simplemente el idioma no me atrae en exceso y la cultura inglesa no es algo que me apasione por lo que nunca me había planteado pisar Inglaterra. No hasta ahora.
La primera vez que fui fue por petición de mi tía, que vive en Brigthon y me pidió que fuera a verla. Lo hice y descubrí que no estaba tan mal, era otro mundo, un mundo donde nadie te mira por la calle, nadie te juzga ni te va insultando sin más. Una ciudad tolerante con gente educada y una variedad étnica considerable.
La segunda vez fue hace cuatro días, esta vez por petición de otra persona. De la persona que fue lo más importante de mi vida. Y lo sigue siendo.
He pasado con él cuatro días, cuatro días que no cambiaría por nada. He tenido la oportunidad de estar con él y de compartir algo más que mensajes por internet, le he podido ver, abrazar, reír con él, llorar (a escondidas) y eso no lo cambiaría por nada. También a hecho de las suyas. Me ha obligado a tragarme mis palabras enseñándome un Londres increíble, divertido, romántico, arquitectónicamente envidiable, artísticamente perfecto, en el que vivir es casi una aventura que te da la posibilidad de superarte, de conocer gente de todos sitios y de crear buenas amistades.
Ayer volví, sin ganas y con más lágrimas que sonrisas, deseando poder quedarme allí por una o varias razones; por poder aprender ingles (esa asignatura pendiente...), trabajar e independizarme, empezar a valerme por mi mismo...por estar él....
Hoy empiezan a bailar en mi mente las voces de todas las personas que me encontré y me dieron el mismo consejo: "Vente a Londres".Quizás no sea tan descabellado. Quizás el año que viene no me encontréis aquí.








